sábado, 15 de diciembre de 2012

CIELOS DE CHOS MALAL

El norte neuquino tiene esas cosas; por un lado te tira un viento en algunas épocas que dan ganas de tomárselas, pero como contrapartida te regala estos cielos de atardecer, tan únicos que dan ganas de no irse nunca mas.




















miércoles, 24 de octubre de 2012

SOLO

SOLO
Mario A. Alonso

Solo, compañero del desierto 
de tanta soledad es yermo.
Vaciado de caricias, 

huraño pasajero 
de noches huecas. 
Apura el trago 
que quema en la garganta 
acompaña el pulso 
el que solo espera. 
Marginal, 
al margen de la vida 
amontona desapegos, 
aguarda la señal 
que muestre un hecho.

miércoles, 17 de octubre de 2012

REMOLINOS



REMOLINOS
Mario A. Alonso

Anduvo dando vueltas la maleta,
a ver si encontraba reatazos de la historia
que dejara aquella tarde en la vereda.
¡La pucha el pueblo,
    el barrio,
       las casas,
            los rincones...!,
¡claro que tienen alma!,
es de lo que uno se enamora
y ya no pasa.
Anduvo dando vueltas la maleta,
a ver si encontraba los retazos de historia
que dejara aquella tarde en la vereda,
y no las hallaba.
Hubo trajinado hasta el borde los ojales.
Llegado al fondo mismo
de su extensa negrura
los poros de la tela,
y nada que aparezcan.
De haber sabido antes,
le hubiese cambiado
al plátano,
esa parte del tallo
que tocara su espalda sudada,
por dos bolitas.
Al patio de baldosas de la casa vieja,
el puro pedacito
donde quedó la sangre
de unas rodillas mozas.
Tuviese que haber trocado
a la cocina,
el olor a la comida de la abuela,
por las figuritas
y a las habitaciones,
el perfume de ella,
el de la madre y el del padre jóvenes,
por la gomera.
Voló la luciérnaga.
Los bolsillos florecieron
su forro de estrellas
dados vuelta,
y no están.
¿las ha perdido?
¿o se las alcanzó el olvido?,
el que al despertar
dejó en la almohada
por descuido.
Ha dado vueltas la maleta
buscando los retazos de historia
que dejara aquella tarde en la vereda
y los ha hallado
colgando del filoso diente
que muerde en la memoria.

jueves, 11 de octubre de 2012

KINTU - Kinturayen - Poesía Mapuce

Kinturayen


KINTU
Tripan ñi trekayal mawida püle
ramtufin kürüf
ñi elkünuken ñi dungun anümka mew,
kiman rayüle folil
pünchonule pewma,
kiñetule taiñ dungun
ka mapu elkenoelyinmew pu trafia.
Wiñotuaiñ may taiñ ülkantun mew,
tripapale antü
kayi choyüpe taiñ püllü,
ka mongeaiñ
inaltu lewfu
dunguaiñ üñüm engo
nütuaiñ taiñ tremolketuelchi tapül
antü ñi kutran mew
fewla inchiñ taiñ kidu ngetual. (Kinturayen)





http://kinturayen-kinturayen.blogspot.com.ar/


KINTU
He salido a caminar por las montañas
y preguntado al viento
si guarda su voz entre los árboles,
entenderé cuando florezcan sus raíces
y no se marchiten los sueños,
cuando se unan nuestras palabras
y no nos distancie la tarde.
Hemos de retornar entonces con nuestros cantos,
cuando salga el sol,
hemos de permitir germinar el bosque
y anidar en la tierra nuestro espíritu,
para volver a vivir cerca de los ríos
hablar con las aves
palpar las hojas que sanan el dolor del tiempo
cuando queremos ser nosotros mismos. (kinturayen)



domingo, 7 de octubre de 2012

ALMAS VIBRANDO


ALMAS VIBRANDO
Mario A. Alonso

Abrazo la noche.
Me contagia y encanta.
Mezclo mi fortuna con la de todos
y bebo en algún lugar.
Por momentos una estipulada lucidez me llama.
-¡Deja ese mundo que no conduce a nada!-
y combato mi lógica confusión
pues la noche acarrea ilusión
y mi espíritu tolera verdad.
¿Que sería de mis días?
¿y de mis noches?
¿y de mi vida?
Sin darle riendas a la sospecha.
Ando la vida desafinado
escuchando mi corazón sincopado
tumba y retumba con cada encuentro.
Pero no puedo conocerte
sin sentir latir tu fuente
tu corazón discordante.
Déjame mirarme en tu mirada
afinar mi centro en la madrugada.
tolera latir mi centro
batir mi parche adentro
comprobar a esta hora
en que nota tu alma esta afinada.

viernes, 5 de octubre de 2012

LOS QUE VIVEN EN EL VIENTO

LOS QUE VIVEN EN EL VIENTO
Mario A. Alonso

Vuelve a soplar una racha que exhala la Cordillera del Viento.
Apalea la ventisca mi ventana y mi argumento.
Regresa el sonido mezclando el soplo de los álamos con los alaridos rebeldes de quienes, decididos a no capitular, dejarán el cuero a secarse en la aridez de esta Patagonia norte.
Por ahí grita un Ranquel, Baigorrita y un Borohano, Purrán. ¿vuelven con el viento o viven en él?

Durito y una de paredones - Subcomandante Insurgente Marcos


Durito y una de paredones

La Historia, mi narizón cumpleañero, no es mas que un largo paredón. La lucha por el Poder no es, en realidad, más que la lucha por estar en el pelotón de fusilamiento y no frente a él. Así van cambiando el nombre y el rostro de esos patéticos soldados. Sin embargo, quien da las órdenes de ‘preparen, apunten, fuego’, es el mismo”. Durito checa el brillo de su coraza con un hilo de sol que la nube, entre tanta lluvia, ha dejado llegar al suelo.
“Los desposeídos del mundo siguen pasando regularmente frente al paredón y, con la misma regularidad, reciben balas de promesas falsas, humillaciones, olvidos. Y, claro, también reciben balas de plomo. Los que logran pasar a ser del pelotón de fusilamiento, alegan méritos por cada uno de los fusilados de su bando, hacen carteles, corridos y poemas alabando el heroísmo,… y siguen disparando, ahora sobre el siguiente grupo que se forma frente al paredón”.
“Así transcurre la historia. Pero cada tanto, un rebelde llega frente al paredón. Él no disputa entre estar o no en el grupo que dispara o en el que recibe el disparo. El rebelde da la espalda al pelotón. Y no porque tenga miedo, sino porque de esa forma puede hacerle, con la uña, una rayita al muro. Después viene otro rebelde y descubre la rayita y la ahonda. Así pasan unos y otros. El muro se va debilitando y alguna vez terminará por resquebrajarse.
Los políticos seguirán discutiendo y peleando por ver quién dispara, pero ya no habrá paredón ni fusilados. Y los tiros, pasadas sus rasancias máximas, terminarán por vencerse en un suelo donde los paredones sólo serán un mal recuerdo”.
“Claro que, mientras eso pasa, conviene tener un chaleco blindado y responder a las balas de plomo con idénticos argumentos”, agrega Durito.
Yo salgo afuera de la champa. Miro con escepticismo el largo paredón de la noche en las montañas del sureste mexicano. Después de un rato, intuyo, más que ver, una pequeña abolladura en un costado de la pared nocturna. Con la uña del pulgar raspo un poco más.
Más tarde encuentro a un grupo de combatientes veteranos reunidos en torno a la fogata. Los conozco a todos y cada uno. Hace 10 años, salieron junto mío a un combate que prometía todo menos el retorno. Hablan de Sub Pedro. Yo los escucho en silencio. Cuando se dan cuenta de mi presencia, se ponen de pie y firmes. Les indico que en descanso.
Esperan. Yo enciendo la pipa y, ya marchándome, les digo y me digo: “Una raspadura en la noche, ésa es nuestra herencia…”
Desde las montañas del Sureste Mexicano.
Subcomandante Insurgente Marcos.
(publicado en la revista Rebeldía, nº 13, en noviembre de 2003)

jueves, 27 de septiembre de 2012

ATARDECER (FLORES AL ATARDECER)

ATARDECER (FLORES AL ATARDECER) 
Mario A. Alonso 


Alabado atardecer 
arrastra notas difusas
pupilas dilatadas
estrechas franjas minúsculas  
entre ceja y cejarayo desprolijo
filtra violento el policromo cristal
lastimando la invisible membrana
inoportuno minuto, impertinente
interrumpe el vuelo
que invariablemente reinicia.

martes, 25 de septiembre de 2012

A Alejandra Pizarnik


A Alejandra Pizarnik 
Mario A. Alonso 

La oscuridad,
el dolor insoportable,
la pena que lastima
y no puede sanarse.
La impotencia de gritarle
a quien deseo que oiga
y no lo hace,
o acaso así lo creo.
La capacidad poética
de poder mostrar al fantoche
que de puntas camina
la maroma suspendida
en lo más alto
del abismo de la vida.
El deseo irresistible
que me empuja corriendo
a ponerle una red
que sostenga la caída,
todo eso me atrae de Alejandra,
y el fantasma traidor
de mi instinto suicida.
…a 40 años de haber decidido emprender la retirada

LA ENAMORADA


LA ENAMORADA
Alejandra Pizarnik
de "La última inocencia", 1956 

Esta lúgubre manía de vivir 
esta recóndita humorada de vivir 
te arrastra alejandra no lo niegues. 

hoy te miraste en el espejo 
y te fue triste estabas sola 
la luz rugía el aire cantaba 
pero tu amado no volvió 

enviarás mensajes sonreirás 
tremolarás tus manos así volverá 
tu amado tan amado 

oyes la demente sirena que lo robó 
el barco con barbas de espuma 
donde murieron las risas 
recuerdas el último abrazo 
oh nada de angustias 
ríe en el pañuelo llora a carcajadas 
pero cierra las puertas de tu rostro 
para que no digan luego 
que aquella mujer enamorada fuiste tú 

te remuerden los días 
te culpan las noches 
te duele la vida tanto tanto 
desesperada ¿adónde vas? 
desesperada ¡nada más! 

jueves, 13 de septiembre de 2012

ESPERE


ESPERE

Mario A. Alonso

Permanecí esta noche en vigilia acechando tu llegada.
Con la marcha incontenible de las horas fui a buscarte, en alguna foto vieja, en un verso, asomado en unas sombras que a veces, vistas de costado suelen asustarme.
Me acompañó el vino que es un buen compañero por las noches y un déspota injusto por las mañanas.
Me quedé porque puedo seguir soñando que quizá, en algún lapso de sinrazón, el timbre virtual de mi llamado tintineara en tu oído, y atendieses mi llamado.
Nada de eso paso, al menos hasta ahora en que la madrugada le ha ganado a la noche y el sueño hace rato inició el combate con mis ganas de escribir.
Empezó a ganarme el desconsuelo, hasta que advertí que habías aquí estado, en una foto vieja, en muchos versos y asomado a las sombras que no pudieron asustarme, entonces emprendí el camino hacia el mañana.

viernes, 7 de septiembre de 2012

HE AMADO - Mario A. Alonso


HE AMADO
Mario A. Alonso

He amado en silencio,
gritado a voz en cuello,
callado temeroso
en las noches de invierno.
Y en verano
he vuelto a gritar.
Nadie acierta,
ni ellas, ni vos, ni nadie
¿será el grito una jerga inescrutable?
¿o no adivinas como te amo en esta tarde?

Vamos a caminar unidos


Vamos a caminar unidos

Mario A. Alonso



Vamos a caminar unidos
no de la mano,
no quiero impedirte elegir tu camino.
Vamos a resolver un mundo para todos.
Marchemos a la par en tanto se pueda,
y cuando la senda se torne complicada
elijamos otros rumbos,
senderos del mismo color,
aquellos que sepamos que se unen
más allá del horizonte ordinario,
del que notan los comunes.
Cuando me encuentres
sabrás reconocerme.
El polvo de mis zapatos
y el de mis ojos
será idéntico al de los tuyos.
Cuando te veas en mi mirada
podrás distinguir que vengo del mismo sino.
Pero no te pares, marchemos,
no hay nada mas rufián que detenerse.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

A MÍ - Oliverio Girondo



A MÍ
Oliverio Girondo

Los más oscuros estremecimientos a mí
entre las extremidades de la noche
los abandonos que crepitan
cuanto vino a mí acompañado
por los espejismos del deseo
lo enteramente terso en la penumbra
las crecidas menores ya con luna
aunque el ensueño ulule entre mandíbulas transitorias
las teclas que nos tocan hasta el hueso del grito
los caminos perdidos que se encuentran
bajo el follaje del llanto de la tierra
la esperanza que espera los trámites del trance
por mucho que se apoye en las coyunturas de lo fortuito
a mí a mí la plena íntegra bella a mí hórrida vida

ALGO ASI - Mario A. Alonso

ALGO ASI 
Mario A. Alonso

Llorón
mozo zanguango
mordaz púber pajero
caminante de pueblo
viajero sin destino
desatinado adolescente distraído
inmaduro mordaz inclemente
amante acaparador de luces
probador de cosas prohibidas
insurrecto provocador
peatón desolado
absorto
distraído vagabundo
porfiado del destino
macho maricón
frágil organismo
inquieto peregrino
mortal navegante
de océanos incógnitos
conquistador de terrenos que laceran
plañidero enajenado
convidado de tanta alma
ebrio, nómada
apasionado.

Descanso


Descanso
Mario A. Alonso

Clara, casi transparente,
cayó una gota de luna
sobre la tierra yerma.
Así, como al descuido,
sacudió el polvo la lágrima.
Consiguió romper el suelo
para brindar espacio
a una laguna de plata.
En lo profundo
reposa la nostalgia.

Porque


PORQUE
Mario A. Alonso

Porque no quiero que me aplaste la noche
porque no tengo sueños en mente
porque por un momento volvió tu imagen
porque tengo buen vino
porque por algún resquicio asoma un amigo
porque me dieron ganas de ser inmaduro
porque me hastía tener más de cuarenta
porque no quiero que se note
porque fui muchísimo más feliz cuando joven
porque no debo responder a nadie por mi irresponsabilidad
porque quiero llevar el lastre lo más liviano posible
porque a veces mi rebeldía es así de pobre
porque quería estar solo
porque tenía ganas de tomar vino conmigo mismo
porque a veces logro que todo me chupe un huevo
porque quizá mañana me arrepienta
porque me queda menos de la mitad de mi tiempo cronológico para hacer lo que quiera
porque si
porque amo el vértigo que aturde
porque quiero
por eso estoy aquí a esta hora
en que hasta los duendes 
han conciliado el sueño.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Los zapatistas y las manzanas - Subcomandante Insurgente Marcos


Los zapatistas y las manzanas
Subcomandante Insurgente Marcos


Dice Durito que la vida es como una manzana.

Y dice también que hay quienes la comen verde, quienes la comen podrida y quienes la comen madura.

Dice durito que hay algunos, muy pocos, quines pueden elegir cómo se comen la manzana: si en un hermoso arreglo frutal, en puré, en uno de esos odiosos (para Durito) refrescos de manzana, en jugo, en pastel, en galletas, o en lo que dicte la gastronomía.

Dice durito que los pueblos indios se ven obligados a comer la manzana podrida y que a los jóvenes les imponen la digestión de la manzana verde, que a los niños les prometen una hermosa manzana mientras se las envenenan con los gusanos de la mentira, y a las mujeres les dicen que les dan una manzana y sólo les dan media naranja.

Dice Durito que la vida es como una manzana.

Y dice también que un zapatista, cuando está frente a una manzana, le saca filo a la madrugada y parte la manzana, con certero golpe, por la mitad.

Dice Durito que el zapatista no intenta comerse la manzana, que ni siquiera se fija si la manzana está madura, o podrida, o verde.

Dice Durito que, abierto el corazón de la manzana, el zapatista toma con mucho cuidado las semillas, va y ara un pedazo de tierra y las siembra.

Después, dice Durito, el zapatista riega la matita con sus lágrimas y sangre, y vela el crecimiento.

Dice Durito que el zapatista no verá el manzano florecer siquiera, ni mucho menos los frutos que dará.

Dice Durito que el zapatista sembró el manzano para que un día, cuando él no esté, alguien cualquiera pueda cortar una manzana madura y ser libre para decidir si se la come en un arreglo frutal, en puré, en jugo, en un pastel o en uno de esos odiosos (para Durito) refrescos de manzana.

Dice Durito que el problema de los zapatistas es ése, sembrar las semillas y velar su crecimiento. Dice Durito que el problema de los demás seres humanos es luchar para ser libres de elegir cómo se comen la manzana que vendrá.

Dice Durito que ahí está la diferencia entre los zapatistas y el resto de los seres humanos: Donde todos ven una manzana, el zapatista ve una semilla, va y prepara la tierra, siembra la semilla, la cuida.

Fuera de eso, dice Durito, los zapatistas somos como cualquier hijo de vecina. Si acaso más feos, dice Durito, mientras de reojo mira cómo me quito el pasamontañas.


Subcomandante Insurgente Marcos
Desde alguna madrugada del Siglo XXI





FELIZ CUMPLEAÑOS MAESTRO EDUARDO GALEANO


Una vez, leyendo una carta que el Subcomandante Marcos le escribía al Maestro Eduardo Galeano, concí el libro "Las Palabras Andantes", justo un párrafo que decía: "...Y porque se me ha quedado bailando en la cabeza una parte de su libro "Las palabras Andantes". 
Porque dice así: 
"¿Sabe callar la palabra cuando ya no se encuentra con el momento que la necesita ni con el lugar que la quiere?. Y la boca, ¿sabe morir?". 
Ventana sobre la palabra (VIII), p.262. " - Subcomandante Insurgente Marcos.
Me fui corriendo a comprar el libro que devoré en pocas horas y aproveché para comprar también el"Libro de los Abrazos" y regalárselo a alguien que espero, finalmente, lo haya leído.

Hoy es el cumpleaños del Maestro Eduardo Galeano y lo recuerdo desde aquella carta que un 2 de mayo de 1995 le escribía otro Maestro de la literatura, que la lucha zapatista le dió el nombre de "Marcos":
¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS POETA!!
He aqui la carta completa:





Ejército Zapatista de Liberación Nacional México
2 de mayo de 1995
A: Eduardo Galeano.
Montevideo, Uruguay.
De: Subcomandante Insurgente Marcos
Montañas del Sureste Mexicano. Chiapas, México.


Señor Galeano:

Le escribo porque... porque me dieron ganas de escribirle. Porque ya pasó el día del niño acá en México y se me ocurre que a usted le puedo platicar lo que acá pasa, en un día del niño, en medio de una guerra sorda. Le escribo porque no tengo ninguna razón para hacerlo y, entonces, puedo así contarle lo que pasa o lo que me viene a la cabeza, sin la preocupación de que no se me vaya a olvidar el motivo de la carta. Porque sí, pues.
También porque perdí el libro que me regaló y porque ese ratón cambista que suele ser el destino (?) ha repuesto el libro perdido con otro libro. Y porque se me ha quedado bailando en la cabeza una parte de su libro Las palabras andantes .
Porque dice así:
"¿Sabe callar la palabra cuando ya no se encuentra con el momento que la necesita ni con el lugar que la quiere?. Y la boca, ¿sabe morir?" .
Ventana sobre la palabra (VIII), p.262.
Y entonces yo me he recostado para pensar y fumar. Es de madrugada y como almohada tengo un fusil (bueno, en realidad no es un fusil, es una carabina que fue de un policía hasta enero de 1994. Antes servía para matar indígenas, ahora sirve para que no los maten). Con las botas puestas y la pistola recostada a un lado, cerca de la mano, pienso y fumo. Afuera, alrededor de humo y pensamientos, mayo se engaña a sí mismo fingiendo que es junio y hay ahora una tormenta de lluvia, rayos y truenos que logró lo que parecía imposible: callar a los grillos.
Pero yo no estoy pensando en la lluvia, no estoy tratando de adivinar cuál de los relámpagos que está por rasguñar la tela de la noche será el de la muerte, ni siquiera me preocupa que el techito de nylon que cubre mi estancia es demasiado pequeño y se moja la orilla del camastro (¡Ah! Porque resulta que me hice una camita de ramas y horcones, amarrados con bejucos. Lo hice porque la uso de escritorio, bodega y, a veces, para dormir. En la hamaca no me acomodo o me acomodo demasiado, me quedo muy dormido y el sueño profundo es un lujo que, acá, se puede pagar muy caro. En la cama de varillas de palo se está lo suficientemente incómodo como para que el sueño sea apenas un pestañazo).
No, no me preocupan ni la noche, ni la lluvia, ni los truenos. Me preocupa eso de "¿Sabe callar la palabra cuando ya no se encuentra con el momento que la necesita ni con el lugar que la quiere? Y la boca, ¿sabe morir?" . El libro me lo mandó la Ana María , una indígena tzotzil que tiene el grado de mayor de infantería en nuestro ejército. Alguien se lo mandó a ella y ella me lo mandó a mí, sin saber que yo perdí un libro de usted y este libro repone el libro perdido, que no es lo mismo pero tampoco es igual. El libro está lleno de dibujitos en tinta negra y yo creo que así deben ser los libros y las palabras: dibujitos que salen de la cabeza o la boca o las manos y que van y se ponen a bailar en el papel, cada vez que el libro se abre, y en el corazón cada que el libro se lee. El libro es el regalo más grande que el hombre se ha dado a sí mismo. Pero volvamos a su libro de usted que yo tengo ahora. Lo leí con un cabito de vela que cargaba en la mochila.
El último tramo de pabilo se fue con esa página 262 (¡capicúa!, ¿no? ¿una señal?). Y entonces me recordé la frase aquella de Perón que me mandó y luego mi torpe respuesta y, más después, el libro que me envió. Y aquí la pena de contarle que el libro lo dejé botado en la "graciosa huida" de febrero. Y entonces me llegan este libro y las letras sobre el saber callar. Y yo ya llevo varias noches dándole vueltas al asunto, aun antes de que me llegara el libro. Y me pregunto si no llegó la hora de callar, si no será que ya se pasó el momento y ya no es el lugar, si no es la hora de morir la boca...
Y le escribo esto en una madrugada de mayo, pasado ya el 30 de abril de 1995, que es el día del niño acá en México. Nosotros los niños mexicanos celebramos ese día, las más de las veces, a pesar de los adultos.
Por ejemplo, gracias al supremo gobierno, hoy muchos niños indígenas mexicanos celebran su día en la montaña, lejos de sus casa, en malas condiciones de higiene, sin fiesta y con la pobreza más grande: la de no tener un lugar donde recostar el hambre y la esperanza.
El supremo gobierno dice que no ha expulsado a estos niños de sus hogares, sólo ha metido a miles de soldados en sus terrenos. Con los soldados llegaron el trago, la prostitución, el robo, las torturas, los hostigamientos. Dice el supremo gobierno que los soldados vienen a "defender la soberanía nacional" .
Los soldados del gobierno "defienden" a México de los mexicanos. Estos niños no han sido expulsados, dice el gobierno, y no tienen por qué sentirse espantados de tantos tanques de guerra, cañones, helicópteros, aviones y miles de soldados.
Tampoco tienen por qué asustarse, aunque esos soldados traigan órdenes de detener y matar a los papás de estos niños. No, estos niños no han sido expulsados de sus casas. Comparten el piso irregular de la montaña por el gusto de estar cerca de sus raíces, comparten la sarna y la desnutrición por el simple placer de rascarse y por lucir una figura esbelta.
  Los hijos de los dueños del gobierno pasan su día en fiestas y regalos.
Los hijos de los zapatistas, dueños de nada como no sea su dignidad, pasan su día jugando a que son soldados que recuperan las tierras que les quitó el gobierno, juegan a que siembran la milpa, a que van por leña, a que se enferman y nadie los cura, a que tienen hambre y, en lugar de comida, se llenan la boca de canciones.
Por ejemplo, esa canción, que les gusta cantar en la noche, cuando más cerradas son la lluvia y la niebla, y que dice, más o menos así:
"Ya se mira el horizonte,
combatiente zapatista,
el camino marcará
a los que vienen atrás"
Y, por ejemplo, en el horizonte aparece, marcando el paso, el Heriberto. Y atrás del Heriberto, por ejemplo, va el hijito del Oscar que lo llaman Osmar.
Y van, los dos, armados de sus dos varitas que pasaron a llevar de un acahual cercano ( "No son varitas" , dice el Heriberto y asegura que se trata de poderosas armas que son capaces de destruir un nido de hormigas arrieras que está cerca del arroyo y que le picaron al Heriberto y hubo de tomar represalias).
Avanzan el Heriberto y el Osmar en columna. Y por el frente opuesto avanza la Eva , armada de un palo que tiene la ventaja de convertirse en muñeca cuando el ambiente es menos bélico.
Y detrás de la Eva viene la Chelita , que levanta sus casi dos años apenas unos centímetros del suelo y que tiene unos ojos de venado lampareado que ya desvelarán, alguna noche, al tal Heriberto o al que se deje herir por destello tan moreno. Y atrás de la Chelita va un chuchito (perrito) que de puro flaco parece una marimba diminuta.
Y a mí todo esto me lo están contando, pero como si lo estuviera viendo al Wellington frente a Napoleón en esa película que se llamó Waterloo y, creo, salía el Orson Wells y al Napoleón lo derrotaban por culpa de un dolor de panza.
Pero aquí no hay Orson que valga, ni flanqueos de infantería, ni apoyo de artillería, ni defensa en cuadro contra las cargas de los de a caballo, porque tanto el Heriberto como la Eva han decidido optar por el ataque frontal y sin escaramuzas ni tanteos previos.
Yo estoy a punto de opinar que eso parece batalla de sexos, pero ya se está lanzando el Heriberto sobre la Chelita , evitando la carga directa de la Eva que se ve, de pronto, frente a un Osmar que no la espera cara a cara, ni de pie sino que está de lado y en cuclillas porque ahí no más le dieron ganas de cagar y la Eva proclama que el Osmar se cagó de miedo y el Osmar no dice nada porque ahora quiere montar el chuchito se le acercó a oler, y en el entretanto la Chelita se puso a llorar cuando vio venir al Heriberto y el Heriberto ahora no sabe qué hacer para que se calle la Chelita y le ofrece una piedrita de regalo ("Acaso es piedrita" , dice el Heriberto que asegura que se trata de oro puro) y la Chelita nada que para su chilladera y yo estoy pensando que hasta que le dieron una sopa de su propio chocolate al Heriberto cuando llega la Eva , en maniobra que llaman de "voltear la posición enemiga" , y le cae el Heriberto por la espalda (cuando Heriberto ya le está ofreciendo su arma antihormiga-arriera a la Chelita , la cual está considerando la oferta, entre chillido y chillido), y entonces, ¡pácatelas!, la muñeca-arma de la Eva llega en su cabeza del Heriberto y empieza la chilladera, (estereofónica, porque la Chelita se siente estimulada por los gritos del Heriberto y no se quiere quedar atrás), y hay sangre y ya viene la mamá de no sé quien, pero trae un cinturón en la mano y los dos ejércitos se desbandan y el campo de batalla queda desierto y en la enfermería declaran que el Heriberto tiene un chipote del tamaño de su nariz y que, como la Eva está intacta, ganaron la mujeres en esta batalla.
El Heriberto se queja de arbitraje parcial y prepara el contra-ataque pero no será hasta mañana porque ahorita hay que comer los frijoles que no llenan ni el plato ni la panza...
Y así pasaron el día del niño, dicen, los niños de un poblado que se llama Guadalupe Tepeyac. En la montaña lo pasaron, porque en su pueblo hay varios miles de soldados defendiendo "la soberanía nacional" . Y dice el Heriberto que, cuando sea grande, va a ser chofer de un camioncito y piloto de avión no quiere ser porque, dice, si se le poncha la llanta del carrito, ahí nomás te bajas y te vas caminando, en cambio si se le poncha la llanta al avión no hay para donde hacerse.
Y yo me digo que cuando sea grande voy a ser uruguayo-argentino y escritor, en ese orden, y no crea usted que será fácil porque lo que es el mate, no lo puedo tragar.
Pero no era esto lo que yo quería contarle. Lo que yo quería era contarle un cuento para que usted lo cuente:
Me enseñó el Viejo Antonio que uno es tan grande como el enemigo que escoge para luchar, y que uno es tan pequeño como grande el miedo que se tenga. "Elige un enemigo grande y esto te obligará a crecer para poder enfrentarlo. Achica tu miedo porque, si él crece, tú te harás pequeño" , me dijo el Viejo Antonio una tarde de mayo y lluvia, en esa hora en que reinan el tabaco y la palabra.
El gobierno le teme al pueblo de México, por eso tiene tantos soldados y policías. Tiene un miedo muy grande. En consecuencia, es muy pequeño. Nosotros le tenemos miedo al olvido, al que hemos ido achicando a fuerza de dolor y sangre. Somos, por tanto, grandes.
Cuéntelo usted en algún escrito. Ponga que se lo contó el Viejo Antonio. Todos hemos tenido, alguna vez, un Viejo Antonio. Pero si usted no lo tuvo, yo le presto el mío por esta vez.
Cuente usted que los indígenas de sureste mexicano achican su miedo para hacerse grandes, y escogen enemigos descomunales para obligarse a crecer y ser mejores.
Esa es la idea, estoy seguro que usted encontrará mejores palabras para contarlo. Escoja usted una noche de lluvia, relámpagos y viento. Verá cómo el cuento sale así nomás, como un dibujito que se pone a bailar y a dar calor a los corazones que para eso son los bailes y los corazones.
Vale. Salud y un muñequito sonriente, como ésos con los que firma.
Desde las montañas del Sureste Mexicano.
Subcomandante Insurgente Marcos 
P.D. de advertencia policiaca. Es mi deber informarle que soy, para el supremo gobierno de México, un delincuente. Por lo tanto mi correspondencia puede ser implicatoria.
Le ruego que se grabe usted el contenido de la presente, es decir, la encomienda que suplica, y destrúyala inmediatamente. Si el papel fuera de chicle, le recomendaría que lo comiera y, masticando, se pusiera a hacer esas bombitas de chicle que tanto escandalizan a las buenas conciencias, y que demuestran la falta de urbanidad y educación de quien las hace.
Aunque hay algunos que las hacen con la esperanza de que una de las bombitas sea lo suficientemente grande como para llevarlo a uno de esa ruta luminosa que, allá arriba, se alarga... como se alargan el dolor y la esperanza sobre el cielo de nuestra América.
P.D. improbable. Salude usted de mi parte, si lo ve, al tal Benedetti. Dígale usted, por favor, que sus letras, puestas por mi boca en el oído de una mujer, arrancaron alguna vez un suspiro como esos que echan a andar a la humanidad entera.
Dígale también, que quién quita y lo de "Marcos" fue por "el cumpleaños de Juan Ángel" .




http://www.ezln.org.mx

jueves, 23 de agosto de 2012

AHORA


AHORA
Mario Angel Alonso



Ahora la luz se ha vuelto tenue

el viento se detuvo

el río baja suave

puedo escuchar tu voz

y extrañarte

viajo hasta tus ojos

miran desde la humedad

que transita eterna

consumiendo la roca

que es el fondo

tus manos rozan la brisa

beso tu boca

en el recuerdo

la vieja herida sangra

brotan ahí emociones pasadas

cansado el sol declina

como siempre

serena la penumbra embosca

se vuelve noche la tarde

marchas nuevamente

viernes, 10 de agosto de 2012

Pincén

Pincén


Pincén fue sentado sobre un matungo ayudado por su sobrino el capitanejo Mariano Pincén y con las manos atadas en la espalda con un tiento crudo, fue llevado a Trenque Lauquen, donde estaba acampando Villegas. 

Martina Pincén de Cheuquelén, nieta del cacique fue testigo presencial de los crimenes aberrantes y realtó la escena diciendo: 
- ...Estábamos todos nosotros (en Trenque Lauquen) cuando vino el General (Villegas) y le habló, y el abuelo dijo: ¡No me maten! Pero después dijo: Si me van a matar que se salve mi familia. 
El cacique se paró, alto como era, blanco, estaba vestido de gaucho, con chiripá y bota de potro, camiseta, camisa blanca. Y lo sacaron con camisa y todo. Se lo llevaron. Estaban allí todos, la finada mamá, mi tía María. Se lo llevaron...” 


Después de treinta y un días de traquetear los caminos polvorientos de la pampa india, a la que los milicos llamaban “desierto”, el 7 de diciembre de 1878, la carreta de bueyes que transporta al cacique Pincén y algunos otros prisioneros entre los que abundan las mujeres, los niños y ancianos, arriba al Fortín Federación, a Junín en el oeste de la provincia de Buenos Aires. 

Allí, un fotógrafo solícita permiso para retratarlo. 
Cuando la sesión estaba a punto, con la gran cámara de madera y su objetivo de bronce apuntando hacia Pincén, éste interrumpió la toma y se dirigió a sus mujeres. 
Luego se supo que se despedía de la familia ante la suposición de su fusilamiento. 

Más tarde, al llegar a Buenos Aires, el fotógrafo italiano Antonio Pozzo, con estudio en la calle Victoria 590, fue autorizado a retratar a Pincén. 
Lo registró solo y con su familia en varias tomas de estudio. 
Entre los testigos estaba el Perito Francisco P. Moreno. El entonces director del Museo Antropológico le ofreció a Pincén prendas, una boleadora y una lanza para las fotos. Así, y a la vista de sus armas, el cacique, de 70 años, pareció recobrar su antiguo ímpetu: enrolló la boleadora a su delgado cuerpo, se colocó la vincha, y blandiendo la enorme lanza, gritó, durante una de las tomas: Que me pongan como entro en pelea. 
Con esta última foto, Pincén se dio cuenta de la importancia de la fotografía. Lo mostraba como el jefe guerrero que fue. 


domingo, 29 de julio de 2012

La Negra, una araña


La Negra, una araña
 Mario A. Alonso

Asomada a la boca del agujero oscuro que formaba la entrada de su casa, examinó el terreno evaluando los peligros que la acecharían al momento de cambiar de morada.
Hacía un tiempo el otoño daba inicio, y los vientos helados que se colaban por las rendijas de la puerta principal de la casa iban a dar justamente a la entrada de la suya. Esto le causaba múltiples inconvenientes, por las tardecitas el frío la dejaba casi inmóvil, y las pocas presas que por allí cerca se aventuraban, lograban escaparse debido a la lentitud en sus reflejos.
La Negra tenía hambre, pero además le atraía demasiado el sonido que brotaba del extraño aparato de madera que hábilmente ejecutaba aquel humano.

Manuel era metódico, siempre, o casi siempre a la hora en que el sol comenzaba a caer, ocupaba el sillón más cómodo del living de la casa y tocaba. A veces, mientras improvisaba observaba distraído las habilidades con que la araña que vivía cerca de la puerta tejía su red; cuando cazaba algún pequeño  insecto más lo deslumbraba el método que usaba para envolverlo con su seda hasta convertirlo en un capullo donde aguardaría adormecido la hora de servirle de almuerzo.
Esa tarde la había visto asomada a la entrada de su hogar, que era la herida que en forma de pequeña cueva dejara un clavo en la pared.

Varios gatos de distintos tamaños ocupaban el terreno que La Negra debía atravesar, los juzgó gordos, demasiado para que su pequeño tamaño llamara su atención; no llevarían demasiado peligro.
Calculó la hora de menor intensidad en el tránsito por aquel lugar de la casa, y arribó a la conclusión que debía iniciar el traslado por la noche, más bien entrada la madrugada.
Esa misma tarde volvió al fondo de su refugio y consumió las últimas reservas de comida; a la noche intentaría el cruce. Buscaría algún sitio acorde donde establecer su nuevo hogar, lo mas cercano posible al lugar del que le llegaba la música por las tardes.
Lentamente se dejó deslizar por la microscópica fibra que brotaba desde el interior del cuerpo hasta llegar al piso de mosaicos blancos. Ya en el suelo emprendió una rápida carrera hasta el limpiabarros de lana de colores que franqueaba el ingreso y servía las veces de “ataja vientos” y trapo donde los humanos  limpiaban el calzado. Trepó la pequeña elevación y cruzó los setenta centímetros de quebrado tejido multicolor hundiéndose y elevándose cada tanto. Aquel terreno irregular le quitó energías y la agotó bastante. Al pié de la mesa del televisor hizo un alto para recobrar el aliento y continuar el periplo.
Iba a comenzar su segundo desplazamiento cuando uno de los gatos, el más pequeño se acercó peligrosamente. La Negra se hizo un bollito y fue rodando debajo de una irregularidad entre el terreno y una de las patas del amueblamiento. En varias oportunidades vio pasarle muy cerca unas garras enormes, y tuvo que esperar allí, en esa posición incómoda hasta que el felino se aburrió intentando arrebatarla del escondite.
Para entonces estuvo mucho más alerta, y decididamente inició la carrera por el sitio que la separaba del sillón en el que Manuel tocaba.
Trepó cómodamente la madera lisa del asiento. No lo había advertido, y para su sorpresa, aquella noche el instrumento había quedado sobre el mueble.
Después de varios intentos logró alcanzar la cima del lustrado y resbaloso instrumento, metiéndose en la boca del mismo. Un sitio muy amplio, donde hasta el más mínimo sonido causaba un eco.
Allí construyó su tela y vivienda, acabando el trabajo en el transcurso de la madrugada.
A pesar de la incomodidad de haber tenido que tejer otras redes en las paredes cercanas para atrapar el alimento, y el tedio porque los dueños de casa se empecinan en romperlos cada tanto, La Negra vive feliz oyendo música en el interior de una guitarra.